Cría de la Cochinilla en Canarias

En 1827 se trató por primera vez el cultivo de este Hemíptero en las Islas Canarias. Mr. Berthelot, encargado en esta época de la dirección del jardín de aclimatación de la Orotava, perteneciente al Marqués de Villanueva del Prado, recibió de la Sociedad de Amigos del País, que residía en Cádiz, cierta cantidad de Cochinilla fina, que fue colocada por él en el cactus, llamado vulgarmente Higueras de la India ("Opuntia ficus indica") plantados con esta intención en el jardín. Bien pronto varias generaciones sucesivas vinieron a demostrar que la planta convenía perfectamente al insecto. Sin embargo, a pesar de un éxito completo, cuando se invitó a los propietarios a hacer experiencias por su parte, no se pudo obtener nada de la diferencia de los unos y de la desconfianza de los otros.

En esta misma época el gobierno español fundó en Santa Cruz de Tenerife un establecimiento para la multiplicación de la Cochinilla. Don Juan de Meigliorini, que era su director, envió la Cochinilla a las islas cercanas, y trató por todos los medios de animar a los propietarios, pero esta tentativa no fue más dichosa que las precedentes. Semejante industria se encontraba repelida por una multitud de preocupaciones y todo fue abandonado, hasta el punto de que en 1829 no existían más restos de ella que la del jardín de aclimatación. Cortaron los nopales por las raíces y los habitantes de las Islas Canarias no querían volver a ver jamás la Cochinilla en su archipiélago. Pero sin embargo, no fue así; el precioso insecto del que hablamos, se alimentó a pesar de todo, multiplicandose por sí solo en las higueras silvestres.

Esta propagación fue especialmente considerable en Tenerife, en el distrito de Güimar, en los mismos puntos donde se había tratado de destruir. En 1833, abundaba ya tanto en los nopales, que se temía llegasen a perecer estas plantas, y la gente pobre de la isla temía perder de este modo con el nopal, sus gustosos frutos y con ellos unos de sus principales alimentos.

En fin, en esta época, algunos indígenas menos preocupados que los demás, llegaron a comprender que más valdría sacar partido de este insecto que destruirlo, y recogieron varias libras de Cochinilla, que después vendieron ventajosamente. Animados por este éxito, varias personas se pusieron a trabajar de nuevo en el cultivo de los nopales, su ejemplo fue imitado por los demás indígenas, y en la actualidad puede considerarse a la Cochinilla como una verdadera fuente de riquezas para las Islas Canarias.

Este insecto se halla perfectamente naturalizado en dicho archipiélago, del mismo modo que su alimento, cuya especie es diferente de la que se cultiva en Méjico.

Para dar una idea de la importancia del producto de la Cochinilla, trasladaremos una nota publicada por el Atlante, periódico de Canarias, en su número del 8 de octubre de 1837, nota que en su extracto de la aduana de Santa Cruz de Tenerife:

En 1831 los productos exportados fueron 8 libras
En 1832 los productos exportados fueron 120 libras
En 1833 los productos exportados fueron 1.319 libras
En 1834 los productos exportados fueron 1.882 libras
En 1835 los productos exportados fueron 5.658 libras
En 1836 los productos exportados fueron 6.008 libras
Total: 14.997 libras

Este producto no ha cesado de aumentar de año en año.

Así pues, en un espacio de seis años se hizo una cosecha de 14.997 libras de Cochinilla, cuya mayor parte se vendió en España y el resto en el extranjero.. Cada libra vale de 30 á 34 reales, de modo que en los dichos primeros seis años, se obtuvo un producto de más de 474.000 reales. Esta cantidad es insignificante si se observa que solo en el año 1838 se recogieron 18.000 libras, cifra que por sí sola excede al producto de los seis primeros años unidos, y que además, en los años siguientes no ha cesado de aumentar.

Este cultivo ha dado felices resultados en Canarias porque no tan solo ha sido necesario tomar para los nopales tierras útiles para otros plantíos, sino que se han aprovechado para ello los terrenos incultos donde antes sólo crecían plantas silvestres.

La Cochinilla puede evidentemente vivir en todos los países donde el cactus crece espontáneamente como la experiencia lo ha demostrado en Canarias, en Argel y en otros puntos.

Además, puede también aclimatarse en nuestro país, como se observa en las cercanías de Málaga, de Cádiz y de Valencia, donde ya en el día se la recoge anualmente en gran cantidad, y la de Valencia, que es conocida en el comercio, compite una buena calidad con lo que proviene de Méjico.         

Para conclusión de este artículo, extractaremos una memoria presentada al Ministerio de Fomento por el comisario regional de Canarias: Don Francisco de Paula León. Esta memoria, además de los datos curiosos que encierra, se extiende con exactitud sobre la cría y cosecha del insecto que nos ocupa.

"La primera semillación, dice en la primera memoria, se hace en los meses de marzo, abril o mayo, según se adelanta la estación, y que principian a desovar las Cochinillas destinadas para madres. Esto, en los meses calurosos, sucede de los 75 a los 90 días de nacidos, y en los más fríos, de los 95 a los 115. Para conocer que se aproxima esta época, han indicado los inteligentes varias señales, pero la más positiva es ver que principia a andar por las plantas la nueva cría; entonces, sin demora, se procederá a recoger cuidadosamente las madres del modo que más adelante marcaremos. Recogidas, pues, se extienden a 15 mm. de espesor en tablones o cajones de madera de 1,20 m. á 1,60 m. de largo, por 0,84 de ancho sobre 0,20 de alto; se ponen encima de la Cochinilla trapos de 0,80 de largo y 0,70 á 0,10 de ancho, no debiendo dárselas mayores dimensiones, porque recargando de insectos la penca, se crían estos débiles y pequeños, producen menos con mayor gasto de madres y se atrasa y consume la hoja. Los trapos extendidos sobre las Cochinillas, se quitan y remudan diariamente, pero pueden mudarse hasta dos y tres veces al día, si es muy importante el desove. Cuando está bien cubierta de pequeños insectos la parte inferior de los trapos, se llevan estos al tuneral en cestas entrelargas u otro utensilio análogo, y se coloca cada trapo abrazando una pala a lo ancho; para fijarlos se clavan en ellos sus extremos con púas de tunera, que es lo que menos lastima la planta. Unos días después de que insecto a prendido en la penca, se puede, y aún debe quitarse de ella el trapo que se destina al mismo uso; siguiéndose este método de semillar, no hay inconveniente de verificarlo a cualquier hora del día. En algunas instruciones se dice que para el desove de las madres no deben emplearse más de 5 ó 6 días, porque después la cría sale de mala condición; pero repetidos ensayos han demostrado que de 12 y aún de 15 días, es igual la cría a la anterior, si la madre está en buen estado.

Algunos, para semillar la Cochinilla, no usan de estos trapos, sino que hacen unos saquitos de tul o de otro tejido semejante, ponen en cada uno de ellos la cantidad de madres que hace una cucharilla de te y prenden un saquillo a cada penca, clavándolo por la parte superior por una púa, y concluido el desove, se recogen los saquillos para aprovechar las madres y volverlas a usar; pero este método gasta o emplea más Cochinilla, y tiene el inconveniente de que la cría procedente del desove se agolpa toda en el punto en que se prendió el saquillo.

Hecha la semillación, se matan y se secan las madres, que es la Cochinilla preferida por los compradores.

Deben no olvidarse  que cuando la tunera está muy frondosa y la hoja muy suave y tersa, con dificultad prende en ella el pequeño insecto; por lo que si el tuneral es de riego, conviene que antes de la semillación se deje pasar alguna sed a la planta, para que marchitándose un poco permita a la Cochinilla agarrar mejor. Conseguido este objeto, se riega a fin de que la planta tome fuerza y alimente el insecto.

Para recoger la grana, se usa de unas cucharas grandes de latón, con la punta cortada y con una pieza soldada que cubre los dos tercios de su convexidad, contando desde su unión con el mango; este es 0,42 m. de largo, y termina en una lengüetilla también de lata; de manera que, despegándose la Cochinilla con la punta de la cuchara, no se caen las que ya están dentro de esta, aunque se baje un poco la mano, porque les impiden el derramarse la tapa que cubre la parte superior de la misma cuchara. Mientras se opera así con la mano derecha o se desprende la Cochinilla con la citada lengüetilla del mango, se tiene en la mano izquierda otro instrumento que es un cajoncillo de lata de 15 á 18 cm. de alto, el cual forma un triángulo isósceles: en el centro de su lado menor tiene un mango y el largo de cada uno de sus lados mayores es de 20 á 25 cm.; manteniéndole por el mango con la mano izquierda, se acerca uno de los lados más largos a la parte inferior de la hoja, para que caiga dentro de dicho cajón la Cochinilla, que se desprende al tocarla con la lengüeta del mango de la cuchara, y para vaciar la que esta contiene cuando es más cómodo operar con la parte convexa de la misma, y hay en ella demasiada cantidad de grano. Llenos los cajoncillos, se vuelca su contenido en otras vasijas que se tienen prontas al efecto.

A fin de que la Cochinilla, siendo más granada, tenga mayor estimación, es lo mejor, aunque lo más detenido, no tomar al recogerla toda la que tenga la hoja, sino la mayor y más perfecta, dejando para otra mano la más pequeña que entonces se adelanta con prontitud. Para servir de madres se escogen las mejores Cochinillas, que son por lo regular las recogidas primero; y a fin de evitar en lo posible esta desigualdad, debe hacerse la siembra toda a un tiempo y en el más corto espacio de él posible.

En cada día de recolección o a más tardar al siguiente, procédase a matar toda la grana recogida. Para esto se pone a seis cm. de espesor dentro de grandes bandejas de lata o barro que se encuentran en una estufa u horno calentado a 44º del termómetro de Reaumo: mientras están allí, es preciso examinar y remover con frecuencia la Cochinilla, no sea que se pegue o queme en el fondo de las bandejas. Ya muerta, se coloca a seis cm. de espesor dentro de los cajones o tableros de que hemos hablado, y se ponen al sol, hasta tanto que aquella se seque perfectamente, cuidando de removerla y voltearla todos días, a fin de que no se enmohezca.

Hay un método más sencillo para matar la Cochinilla, que consiste en llenar vasijas de barro en forma cilíndrica que puede contener 6 kilos de dichos insectos. Tapándolas bien, mueren en 24 horas; pero si la vasija es menor, o no se llena, se necesita doble tiempo para la operación. Este método presenta el inconveniente de que, para secar la grana, es preciso hacerlo a un calor artificial moderado, pues poniéndola sólo al sol, tarda muchos días en secarse bien. Para venderlas se pasa por un tamiz, donde se la despoja del polvillo blanco que trae siempre de la planta.

Cuando la estación permite semillar la Cochinilla temprano, después de recoger la primera semilla, queda el nopal con nueva cría para una segunda cosecha que se coge a los 75 días por ser la época más calurosa, y si las aguas de invierno son tardías, y poco fuertes la de otoñada, se puede conseguir tercera cosecha, a lo menos en las costas, pues en clima templado y benigno de Canarias, no muere la Cochinilla en diciembre y sólo en las medianías la matan los fríos de enero.

El producto por término medio de una fanega de tierra (medida de Canarias) siendo de riego y estando bien semillado el nopal, es de 4 kilos de Cochinilla seca. En los secanos, según la clase del terreno y estado del tuneral varía mucho desde 50 libras á 3 quintales por fanega.

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